viernes 24 de julio de 2009

Documental descubriendo a Jesús en la Eucaristía


Este documental "Descubriendo a Jesús en la Eucaristía", de unos 30 minutos de duración narra las experiencias eucarísticas de la población de San Antonio (Texas), de como la adoración eucarística ha cambiado la vida de miles de personas. ¡Es realmente impresionante lo que Jesús es capaz de hacer por sus amigos!


Parte 1



Parte 2



Parte 3

sábado 21 de febrero de 2009

El Templo de Salomón. Historia y mito , de William J. Hamblin y David Rolph Seely




La apocalíptica judía, cristiana y musulmana entrelazada en torno al Templo de Salomón


Cuando en el año 70 d.C., los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén no sólo acabaron con el orgullo de la religión judía, sino que además desencadenaron una de las aspiraciones más omnipresentes en las historia. A lo largo de este magnífico libro, los autores repasan el sentido de los santuarios de la antigüedad, para resaltar los antecedentes del Templo en el Tabernáculo revelado a Moisés, en el Monte Sinaí, que debía contener el arca de la Alianza. El Tabernáculo estaba constituido por una tienda que seccionada en dos partes, contenía una de ellas el altar para los sacrificios y la otra, se dividía a su vez en el Santo y el Sancta Sanctorum. El Santo contenía tres objetos: la mesa de los panes de la Presencia, el altar para la quema de incienso y el candelabro. Un velo separaba el Santo del Sancta Sanctorum. En éste estaba el arca de la Alianza, y en ella se custodiaban las reliquias del éxodo: las Tablas de la Ley, maná y el báculo de Aarón.


La construcción del Templo en Jerusalén, por parte de Salomón, no dejó de ser una reproducción en piedra del Tabernáculo. Desde entonces el Templo ocupó un lugar central en el la vida de Israel y sufrió sucesivas destrucciones y reconstrucciones. El Templo de Salomón, construido el 968 a.C., fue destruido por los babilonios en el 586 a.C.; el Templo de Zorobabel fue una reconstrucción del anterior en el 515 a.C. que sería desmantelado y reemplazado por Herodes en el 19 a. C. Este es el que sería destruido por lo romanos. Ante la destrucción del Templo y la diáspora judía, el pueblo de Israel desató numerosas corrientes espirituales, entre ellas la de los esenios, que sustituyeron la idea del Templo por la de la propia comunidad judía. El propio cristianismo retomaría muchas ideas templarias y, así, las iglesias cristianas, se configuraron en torno a la idea del Templo, sus rituales y esencialmente el sacrificio. El mismo Jesucristo estuvo profundamente vinculado al Templo y en el momento de su muerte se rasgó el velo del mismo. Las connotaciones de este hecho, así como otros en la vida de Jesús, como la institución de la eucaristía, son evidentes.

También el Islam tiene una relación íntima con el antiguo Templo. La primera mezquita construida por Omar en el lugar del Templo se levantó –dicen- sobre la piedra sobre la que se asentaba el Sancta Sanctorum del antiguo templo. Este lugar es el que ocupa la actual mezquita de Al-Aqsa, llamada la cúpula de la Roca. La apocalíptica judía, cristiana y musulmana está entrelazada en torno al Templo. Lo que para los musulmanes es una restauración del Templo de Salomón (la mezquita de Al-Aqsa), para los judíos es una abominación que sólo se resolverá con la restauración del Templo y sacrificio judío. Para los cristianos, este templo, su profanación y restauración, también ha de ocupar un lugar preeminente al final de los tiempos. Dejamos al lector que disfrute con este libro que, por cierto, cuenta con más de doscientas fantásticas ilustraciones.

William J. Hamblin y David Rolph Seely
El Templo de Salomón. Historia y mito.
Traducción de David Govantes
Akal
223 páginas

martes 30 de diciembre de 2008

La divinidad de Jesús



Cristología Bíblica: "La divinidad de Jesús" (Clase 7ª), por el Prof. José María Casciaro de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra

La auténtica historia del 25 de diciembre



Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.


Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.


Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico.


Un error


La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas "paganizaciones" del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas "degeneraciones" que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.


Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.
Pero en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aurelio, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.


Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aurelio) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.
Lo que ocurrió realmente fue que Aurelio, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del "Nacimiento del Sol Invicto" como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del "renacimiento" anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.


Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado "renacimiento" o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.


Una consecuencia


Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aurelio, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.


La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.


Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.


Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua. Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran "desviando" hacia meses inapropiados.


Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.


El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.


Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.


No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.


Edad Integral


Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la "edad integral" de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.


Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.


Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios ("Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos") se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.


La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después. Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.


Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.


En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.


Una fiesta cristiana


Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino. Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.


En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aurelio en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos. A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del "Nacimiento del Sol Invicto" para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del "Sol de la Salvación" o el "Sol de la Justicia".


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William J. Tighe es corresponsal de TOUCHSTONE y profesor adjunto de la Universidad de Muhlenberg. Para los interesados, recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley. Un extracto de este artículo apareció en la listserve (lista de distribución de correo electrónico) Virtuosity. El original en inglés está aquí

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7011&id_seccion=11


sábado 22 de noviembre de 2008

Historia del Santo Grial


Descripción material.

Está formado por la copa propiamente dicha, el pié y una estructura de oro con dos asas que los une. El conjunto mide 17 centímetros de altura y la copa propiamente dicha es de forma semiesférica, con un diámetro de 9 centímetros y constituída por ágata llamada cornerina oriental, de color rojo obscuro cuyo estudio arqueológico muestra que fué labrada en su taller de Palestina o Egipto entre el siglo IV a.c. y el primero de nuestra era. Debajo de la copa, están la vara, con su nudo, y las asas, todo ello de oro y con primorosos adornos burilados de gusto griego que demuestran gran antigüedad. El pie es, al parecer, de concha, reforzado con armadura también de oro, adornada con dos rubíes, dos esmeraldas y veintiseis perlas, en vez de las veintiocho que tenía antes, pues se perdieron dos. El rigor arqueológico obliga a observar que estos adornos fueron sobrepuestos en los siglos XIII a XIV.

El Santo Cáliz en tiempos de Cristo

Dicen los Santos Evangelios que, llegado el día en que había de sacrificarse el cordero pascual, Jesucristo se reunió con sus discípulos en casa del Padre de Familia, quien, según algunos comentaristas, era un noble y acaudalado varón llamado Chusa . Allí celebró la cena ritual de los judíos, tras la cual y, después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús realizó la institución de la Eucaristía, para lo cual se proveyó de pan ázimo y de un cáliz.

El Santo Cáliz en los albores de la Cristiandad.

Este Vaso de suma trascendencia no pudo ser olvidado tras la muerte del Redentor, tanto más cuanto los discípulos se reunieron varias veces en el Cenáculo. Así se explica de modo natural de el Santo Cáliz apareciese en Roma, llevado probablemente desde Jerusalem por San Pedro, cabeza de la Iglesia. Transcurrieron, pues, dos siglos y medio, durante los cuales el fervor de los cristianos no dejaría de posarse en reliquia tan singular y existen claros indicios de que el cáliz con que los pontífices de los primeros tiempos de la Iglesia celebraron la misa en el mismo que usó Jesus en el Cenáculo. Al cabo de dicho tiempo, el emperador Valeriano desencadenó una violentísima persecución contra el cristianismo, en la que pereció martirizado el Papa Sixto II. El Pontífice, antes de morir, entregó las reliquias, las alhajas y el dinero a su diácono Lorenzo, natural de Huesca, quien también fué martirizado, no sin que antes enviara a la ciudad natal el Cáliz de la Eucaristía acompañado de una carta suya. Ocurría todo ello el año 258 o, según algunos autores, el 261.

El Santo Cáliz en España.

Insignes historiadores de Aragón hacen constar la permanencia de la preciadísima Copa en Huesca durante los subsiguientes siglos, hasta que, invadida España por los musulmanes, el obispo de Huesca, llamado Audeberto, hubo de abandonar, por el año 713, su sede episcopal para refugiarse, con los bienes que pudo salvar y, desde luego, con el Santo Cáliz, en la cueva del monte Pano donde vivía el ermitaño Juan de Atarés; lugar en que posteriormente se fundó y se desarrolló el monasterio de San Juan de la Peña; lugar en que surgió un núcleo de hombres esforzados que acometieron la reconquista contra los mahometanos.

La literatura grialica medieval.

Tuvo esta lucha caracteres épicos, que no dejaron de ser aprovechados para la creación literaria, ya que, según reputados historiadores de la literatura, constituyen el origen o la fuente de poemas tan célebres como los de Cristián de Troyes o Wolfram de Eschenbach , con su héroe Parceval o Parzival, que es posteriormente al Parsifal de Ricardo Wagner. En todos estos poemas hay un Vaso maravilloso, al que se denomina Graal o Grial y cuya relación con el Santo Cáliz es fácil comprender.

El Santo Cáliz durante el Medievo.

Volviendo a lo puramente histórico, es de mencionar el auto testificado de 14 de diciembre de 1134, documento donde se consigna que entonces se custodiaba en dicho cenobio de San Juan de la Peña el Cáliz en que Cristo consagró su sangre. La portentosa reliquia, cuyo prestigio había brillado de manera tan evidente a través de los siglos, fué deseada por el rey de Aragón don Martín el Humano, quien, hallándose en Zaragoza, envió a San Juan de la Peña emisarios influyentes para que le obtuviesen el Vaso de la Ultima Cena. El documento de donación, que se conserva en Barcelona, fué otorgado en 26 de septiembre de 1399. En él se hace constar que el Santo Cáliz fué remitido desde Roma con una carta de San Lorenzo.

El Santo Cáliz en Valencia.

A partir de entonces, la reliquia tan adorable para toda la cristiandad fué custodiada en el palacio real zaragozano llamado de la Aljafería. De allí pasó, durante el reinado de don Alfonso el Magnánimo, al Palacio del Real, situado junto al río Turia, en la ciudad de Valencia, donde permaneció algún tiempo. Habiendo muerto mosén Antonio Sanz, capellán mayor de la capilla regia, el rey de Navarra, don Juan, como lugarteniente de su mencionado hermano don Alfonso, dispuso, en 1424, que las reliquias y otras joyas guardadas en el Palacio del Real, pasaran, para mayor seguridad, a la sacristía de la Catedral. Con este fin se extendió en 18 de marzo de 1437 el correspondiente documento, autorizado por dignatarios y funcionarios, donde se describía "el Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena" .

Desde aquella fecha, ha seguido en aumento la devoción al prodigioso Vaso.

Durante mucho tiempo se guardó en el Aula Capitular nueva de la Catedral de Valencia, donde se le tributaba culto. Modernamente, ha sido expuesto en el Aula Capitular antigua, llamada ahora Capilla del Santo Cáliz , que es una estancia de noble arquitectura gótica. El mencionado recinto -construido en el siglo XIV- conserva el ambiente de pasados siglos, a lo que contribuyen diversos objetos de significación histórica allí conservados.




Congreso sobre El Santo Grial

El Santo Cáliz venerado en Valencia debería ser declarado patrimonio de la humanidad, ya que aunque no se pudiese determinar con exactitud si fue o no el cáliz de Cristo en la Última Cena, existen numerosas pruebas de su influencia en la literatura y en la historia de Europa.

Esta es una de las principales conclusiones del Congreso Internacional "Valencia, la ciudad del Santo Grial", celebrado en esta ciudad española, en cuya catedral se custodia el Santo Cáliz que la tradición asocia con la institución de la Eucaristía.

El congreso se celebró en la Universidad Católica de Valencia los pasados 7, 8 y 9 de noviembre, y estaba organizado por arzobispado de Valencia, el Cabildo metropolitano de la catedral, la Universidad Católica de Valencia, el Centro Español de Sindonología, la Real Hermandad y la Cofradía del Santo Cáliz.

En él han participado numerosos expertos de varios países, que han aportado diversas pruebas sobre el rastro que esta reliquia ha ido dejando en la historia y en la literatura, desde su traslado a España desde Roma, según la tradición, por el mártir Lorenzo el año 258.

Según los datos que existen en la actualidad, afirman, la reliquia de Valencia es, por la documentación existente y las pruebas aportadas, la que más posibilidades tiene de ser el Grial auténtico.

Un cáliz singular

Se trata de un cáliz formado por una copa de ágata rojo oscura, según el primer estudio arqueológico realizado por Antonio Beltrán, catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, en 1959.

Según este estudio, que Beltrán ratificó en 1984, esta copa está hecha con un tipo de ágata llamada "cornerina oriental", con vetas en forma de llamas, y por la factura y el material procede seguramente de un taller de Palestina, Siria o Egipto entre el siglo IV a.c. y I d.C. Los añadidos posteriores, como las piedras preciosas y la armadura, datan del siglo XIII o XIV.

Precisamente el material utilizado muestra más visos de credibilidad que imágenes como las del cine han transmitido sobre el Grial. El presidente del Centro Español de Sindonología (CES), Jorge Manuel Rodríguez, explicó durante el congreso que se ha mostrado siempre en las películas "un Santo Grial de madera, cuando ese material no podía cumplir las normas de purificación de los judíos".

De hecho, añadió, "en el Museo Británico de Londres hay cálices de piedra similares de hace dos mil años".

La cuestión es, según los investigadores, si ese cáliz es el mismo que Cristo sostuvo en sus manos en la Última Cena, y cómo apareció en Roma, en Huesca y posteriormente en Valencia. Si el cáliz llegó a Roma desde Jerusalén afirman los expertos, lo más probable es que lo llevara el mismo Apóstol Pedro.

Al respecto, el presidente de la comisión de Liturgia del arzobispado de Valencia, Jaime Sancho, presentó por primera vez en público un hallazgo que daría a entender que los primeros papas celebraban la Eucaristía con el mismo cáliz que Jesús había utilizado.

Sancho explicó en su intervención que en el Canon Romano, que data del siglo II, a diferencia de otras plegarias y de los cánones orientales, dice textualmente en el momento de la consagración: "y tomando en sus santas y venerables manos este cáliz glorioso", en lugar de "el cáliz".

Esta y otras pruebas aportadas por Sancho, que es canónigo celador del culto del Santo Cáliz de la Catedral y catedrático de la facultad de Teología de Valencia, muestran la existencia en Roma de un cáliz singular.

Esta opinión la comparte el profesor de Historia Antigua de la Universidad de Valencia José Vicente Martínez, quien explicó que precisamente el valor que se concedía a aquella reliquia explica que el Papa Sixto II, poco antes de ser martirizado en Roma durante la persecución de Valeriano, la confiara al diácono Lorenzo.

Una de las ponentes, la investigadora estadounidense Janice Bennet, doctora en literatura española y vinculada al Centro Español de Sindonología, hizo referencia, por su parte, a un documento del siglo VI, sobre la historia del mártir Lorenzo, a quien el Papa Sixto II le entregó el Santo Grial para protegerlo de la persecución del emperador Valeriano.

Este manuscrito es obra de san Donato, y está custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid. Bennet ha realizado un estudio sobre el mismo que muestra también que Lorenzo era originario de Valencia, y no de Huesca, como habitualmente se cree.

En España

Sobre la presencia del Cáliz en Aragón, consta su presencia en algunos anales, y especialmente, la retirada del obispo de Huesca, Audeberto, de su sede episcopal en el año 713 ante la invasión musulmana, y su refugio en la cueva del monte Pano, donde vivía el ermitaño Juan de Atarés. En esta gruta se fundó posteriormente el monasterio de San Juan de la Peña, el lugar donde el Cáliz fue custodiado durante la Edad Media.

El profesor de Historia del Arte de la Universidad Católica de Valencia y de la Universidad Jaume I de Castellón, Vicent Zuriaga, presentó otro hallazgo, el de una serie de pinturas románicas en Taüll, Ginestarre y Burgal, cuyos motivos no existen en ningún otro país de Europa.

"Se trata de frescos románicos, la mayoría del siglo XII, que se encuentran en iglesias y monasterios situados en zonas pirenaicas de España y que representan a la Virgen sosteniendo un cáliz llameante, lo que nos lleva a pensar que es el Santo Grial", explicó.

Por otro lado, el antropólogo alemán Michael Hesemann, que ha estudiado las leyendas del Grial de Chrétien de Troyes, y del Parsifal de Wolfram von Eschenbach, asegura que los datos contenidos sobre la localización del Grial concuerdan con la forma del cáliz de Valencia, e incluso con la orografía y los personajes vinculados al monasterio de San Juan de la Peña.

Para Hesemann, "a diferencia de lo que muchos piensan, las leyendas griálicas no comenzaron con los relatos anglosajones del rey Arturo, sino en la arraigada tradición que dice que el cáliz de la Última Cena ya estaba en España en la Edad Media".

En Valencia

Posteriormente, hay varios documentos que atestiguan su traslado, a petición del rey Martín el Humano, al palacio de la Aljafería de Zaragoza, y posteriormente, durante el reinado de Alfonso el Magnánimo, a Valencia, primero al Palacio del Real y posteriormente a la misma catedral.

La documentación que acredita la entrega del Cáliz a Valencia en 1437 fue presentada por Vicente Pons, profesor de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Valencia, además de canónigo y archivero bibliotecario de la catedral.

Corroboraron su opinión sobre la abundante documentación acerca del Cáliz los profesores Eduardo Mira, profesor de Sociología de la Universidad de Alicante y presidente de la Fundación Jaime II el Justo, y Amparo Cabanes, profesora de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza. Otra de las pruebas de su importancia es la devoción que ha existido desde hace siglos en Valencia hacia el santo Cáliz.

El sentido de la reliquia

Los investigadores fueron prácticamente unánimes en pedir que siga investigándose sobre el Cáliz con todas las técnicas que la ciencia ofrece actualmente, para determinar en lo posible su procedencia, aunque su valor religioso no dependa de ello.

Como puso de manifiesto Miguel Navarro, doctor en Historia Eclesiástica por la Universidad Gregoriana de Roma, el Santo Cáliz "no es un objeto mágico, sino consagrado por el uso de Jesús y por la fe que lo percibe como tal, lo que tiene un gran valor religioso, independientemente de que no pueda probarse con certeza científica absoluta que es el cáliz del Señor".

"En el caso de las reliquias de Cristo o las de los santos, no son un simple recuerdo, sino algo más valioso: una evidencia palpable de la realidad del acontecimiento humano o histórico sobre el que se basa nuestra fe, pues la salvación se da en la historia, en la carne", añadió.

Por otro lado, el conocido sacerdote Manuel Carreira, doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Washington, añadió que la ciencia y la fe "no se contraponen" pues "la fe en la presencia real del cuerpo y la sangre de Jesucristo en la Eucaristía es compatible con lo que nos dice la ciencia sobre el comportamiento de la materia".

En cualquier caso, precisó, "aunque la ciencia puede dar una explicación de todo ello, no puede demostrar nada literalmente acerca de lo que ocurre en la Eucaristía".

Navarro añadió al respecto que el Santo Cáliz, "en cuanto reliquia, está más allá de y por encima de la ciencia, porque su significado primordial pertenece al ámbito de la fe, lo que no quiere decir que nos acerquemos a él de un modo anticientífico o fundamentalista". Antes bien, "tenemos la obligación de estudiarlo científicamente en su materialidad".

El Papa Benedicto XVI utilizó el Santo Cáliz durante la Eucaristía con la que concluyó el Encuentro Mundial de las Familias, en Valencia (julio de 2006). También Juan Pablo II la utilizó en su visita a la ciudad en 1982.

Más información sobre este congreso: www.archivalencia.org y www.cofradiasantocaliz.es
Zenit

lunes 20 de octubre de 2008

La vida de Jesús 10/12

¿Jesús es Dios?

PRIMERA PARTE : JESUS ES HISTORICO ?

I - I. JESUS Y LOS EVANGELIOS
1. Qué son los Evangelios ?
2. Jesús es histórico ? Quién puede responder a esta pregunta ?
3. El Jesús del Evangelio puede ser diferente al Jesús de la Iglesia ?

II - LOS EVANGELIOS CONFRONTADOS CON LA HISTORIA
Los Evangelios, son una invención de la Iglesia ?
1. El testimonio de antiguos historiadores romanos.
2. La realidad histórica de los Evangelios confirmada por la arqueología.

III - LA TRANSMISION DE LOS EVANGELIOS

IV - QUE SE SABE DE JESUS ?

V - LAS PRUEBAS DE LA AUTENTICIDAD DE LAS ENSEÑANZAS DE JESUS.
CONCLUSION SOBRE LA HISTORICIDAD DE JESUS.

SEGUNDA PARTE - JESUCRISTO ES DIOS ?

I - AFIRMA JESUCRISTO QUE EL ES DIOS ?

II - EL DIOS DE JESUCRISTO, ES EL DIOS DE LOS FILOSOFOS ?

III - COMO JESUCRISTO ASUME LA PARADOJA: DIOS Y HOMBRE ?

IV - PORQUE EL DIOS DE JESUCRISTO Y NO OTRO ?

V - QUE IMAGEN DE DIOS NOS TRANSMITE JESUCRISTO ?



http://www.1000questions.net/es/hist-es.html

domingo 19 de octubre de 2008

“La Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo” (II)

Entrevista al cardenal jesuita Albert Vanhoye

ROMA, miércoles 24 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- "La Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo", explica en esta entrevista el cardenal Albert Vanhoye, uno de los biblistas contemporáneos más reconocidos en el mundo, cuando faltan pocos días para el próximo Sínodo de los Obispos.

El cardenal Vanhoye, jesuita, antiguo rector del Instituto Bíblico Pontificio y antiguo secretario de la Comisión Bíblica Pontificia, fue creado cardenal por Benedicto XVI en el Consistorio del 24 de marzo de 2006 como reconocimiento a una vida de servicio a la Iglesia en el campo de la exégesis bíblica.

El mismo Papa lo nombró miembro del próximo Sínodo de los Obispos del mundo, que se celebrará en Roma en octubre sobre "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia".

En esta entrevista concedida a Zenit, explica lo que es para él la Biblia y lo que espera de la citada asamblea mundial de obispos. La primera parte se publicó en el servicio de ayer.

--El Sínodo se ocupará también del tema de la predicación de la Palabra de Dios, sobre todo en la liturgia. Según su experiencia, ¿cuáles son los elementos esenciales a tener en cuenta en las homilías?

--Cardenal Vanhoye: Las homilías deben ser fruto de la Lectio Divina, cuya práctica puede variar, pero las homilías deben verdaderamente dar a los fieles un contacto concreto con la Palabra de Dios, por tanto explicar bien claramente su alcance inmediato y luego seguir con la aplicación a la vida. Una homilía no puede nunca ser sólo teórica. Debe tener una fuerza penetrante en la vida. Por tanto, hay que partir bien del texto y luego aplicarlo a la vida espiritual.

Hay que decir que, para la predicación, es útil también usar los ejemplos de los santos. Porque los santos ayudan a la gente a acoger algunos aspectos de los textos bíblicos que podrían quedar un poco lejanos. Los santos, en cambio, ponen los textos bíblicos más al alcance de los fieles.

Está claro que el espíritu de infancia espiritual, por ejemplo, que pide Jesús en los Evangelios -"Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mat 18, 3)"--, lo comprende mejor la gente si toma a santa Teresa del Niño Jesús como modelo. O, por lo que se refiere a la caridad hacia los pobres, la madre Teresa de Calcuta es un ejemplo que estimula a la gente a comprender que verdaderamente la caridad se dirige a los más necesitados, que no podemos estar unidos a Cristo si no estamos abiertos a esta caridad.

Por otra parte, la madre Teresa puso muy bien en conexión la oración, la unión con Cristo y la caridad. Su vida estaba alimentada por una oración muy profunda, una vida espiritual exigente, a veces incluso dolorosa. Por tanto, los ejemplos son útiles pero deben usarse unidos a los textos bíblicos porque los santos lo son para dar testimonio de esos textos.

--El Sínodo está suscitando y suscitará un renovado interés por la Biblia. ¿Qué itinerario sugeriría a un fiel que quiere conocer mejor la Palabra de Dios?

--Cardenal Vanhoye: Para un cristiano, está claro que debe empezar por el Evangelio. Tomar un Evangelio, profundizar en él con la meditación, la oración, aplicarlo a la propia vida. Esto es lo primero y esencial.

Pero el Evangelio mismo remite al Antiguo Testamento. Jesús es el mesías prometido. Por tanto, es útil leer los textos proféticos, especialmente los que son mesiánicos. Los salmos son útiles para la oración pero hay que decir que no siempre tienen el espíritu evangélico. Por tanto, hay que hacer una distinción. Algunos salmos llenos de imprecaciones contra los enemigos están muy lejos del precepto de Jesús de amar a los enemigos y de rezar por ellos. Está claro que un fiel necesita ayudas que le presenten los textos y los pongan al alcance de su inteligencia, de su capacidad de comprender y vivir.

Luego, en los Evangelios naturalmente hay una diferencia entre los sinópticos y el Evangelio de Juan. El Evangelio más interesante a primera vista para un fiel es el de Marcos, que es muy vivaz, cuenta los milagros de modo detallado, etc. El Evangelio de Mateo nos da una enseñanza más rica y, por tanto, hay que volver siempre a él para estar llenos de espíritu evangélico. Por otra parte, el Evangelio de Juan ahonda la fe de modo maravilloso. Hay que meditar verdaderamente el Evangelio de Juan, acogerlo con espíritu de fe y de amor por el Señor.

También Lucas es muy interesante. Es el Evangelio del discípulo. Sería posible empezar también con el Evangelio de Lucas que se interesa más en la relación del discípulo con el Señor Jesús. Los grandes discursos de Mateo, en el Evangelio de Lucas, están divididos. Las bienaventuranzas, en lugar de estar expresadas en tercera persona, se dirigen directamente a los discípulos: "Bienaventurados vosotros los pobres...". Este es un ejemplo. Lucas se relaciona con Jesús de una manera muy delicada, especialmente en el relato de la Pasión. Allí se ve muy bien su amor delicado por el Señor; por el modo en que atenúa las cosas más crueles, más ofensivas.

--Los salmos pueden parecer a los jóvenes sacerdotes un poco lejanos de su realidad concreta. ¿Qué consejo podría darles para obtener mayor provecho de la oración de la Liturgia de las Horas?

--Cardenal Vanhoye: Aconsejaría buscar un comentario apropiado, es decir en profundidad, no sólo filológico o histórico-crítico, sino un comentario que destaque el contenido espiritual de los salmos. Porque está claro que los salmos contienen una riqueza maravillosa desde el punto de vista espiritual: el sentido de adoración, de confianza en Dios, de unión con Dios en la oración, en la vida. Hay en los salmos aspiraciones espirituales muy bellas y muy fuertes.

Por otra parte, San Ambrosio decía que el salterio es como el resumen de todo el Antiguo Testamento porque hay también salmos históricos, sapienciales, de acogida de la ley del Señor, etc.

Tras el Concilio, se ha facilitado la aplicación de los salmos a la vida cristiana con la omisión de las cosas más lejanas al Evangelio. Algo necesario, me parece, porque un cristiano, por ejemplo, no puede desear que los hijos de sus perseguidores sean aplastados, como dice el salmo de los exiliados. Este salmo expresa un afecto muy profundo y tierno por Jerusalén pero acaba con un augurio muy cruel contra los enemigos. Me parece oportuno y útil, desde el punto de vista de la palabra de Dios, omitir cosas que han sido corregidas por Jesús.

--El Sínodo se ocupará también de la Sagrada Escritura en el contexto del ecumenismo. ¿Usted ha tenido alguna experiencia de trabajo, estudio, oración en este campo?

--Cardenal Vanhoye: Colaboré en la traducción ecuménica francesa, un proyecto suscitado por el Concilio muy fecundo desde el punto de vista ecuménico. Se ha constatado que la Biblia es verdaderamente un terreno de unidad. Naturalmente, hay textos bíblicos que han dado motivo a diferencias de opinión muy fuertes. Pero tenemos muchas cosas en común y debemos aprovecharlas.

El Sínodo tendrá también este aspecto de apertura ecuménica. Está claro que si el protestante sigue el ‘Sola Scriptura' de Lutero no está en la corriente de la Tradición. Hay una dificultad. Pero, por otra parte, los católicos tenían tendencia a no meditar mucho la Biblia y estar más atentos a los dogmas y las devociones. Por tanto, la atención dada a la Palabra de Dios escrita es ciertamente un lazo muy fuerte que nos acerca unos a otros en una acogida común.

--Usted ha conocido y enseñado a muchos exegetas. ¿Cómo es posible evitar que la Biblia se convierta en un mero objeto de estudio, separado de la propia vida espiritual, del que se pueden extraer conclusiones que pueden poner en duda las verdades de la fe?

--Cardenal Vanhoye: Me parece que el remedio principal es la meditación de los textos bíblicos, con una actitud de fe y de oración. Los exegetas no se pueden contentar con estudiar los textos. Deben meditarlos en un ambiente de búsqueda del Señor y de unión con El, y conscientes siempre de que sólo Cristo da toda la riqueza de la Escritura inspirada; que es El quien abre plenamente nuestras mentes a la inteligencia de la Escritura, como dice el Evangelio de Lucas al final.

Por tanto, el remedio es, diría, la oración, entendida como meditación que busca la unión con el Señor, la acogida de su luz, la acogida de su amor. Sólo esto puede preservar del peligro de una actitud racionalista y esterilizadora, que puede convertirse en un obstáculo para la vida de los fieles.

--¿Cuáles son sus expectativas sobre el Sínodo? ¿Tendrá alguna influencia también en los estudios bíblicos?

--Cardenal Vanhoye: No estoy seguro de que el Sínodo pueda influir mucho en los estudios exegéticos en el sentido de que tenga una perspectiva pastoral. Es una perspectiva que ciertamente entra también en la explicación de los textos bíblicos, pero la exégesis es una investigación científica en profundidad, desde un punto de vista que no es directamente pastoral. Del Sínodo podemos seguramente esperar indicaciones muy fecundas para un mayor conocimiento de la Biblia, una mayor acogida de la Biblia en la vida de las comunidades cristianas y en la vida espiritual de las personas.

Por otra parte, hay también un interés ecuménico, que está directamente expresado en el ‘Instrumentum laboris'. Se puede esperar un acercamiento aún mayor de las diversas confesiones cristianas, gracias a esta acogida de la Palabra de Dios escrita.

El ‘Instrumentum laboris' deja entender que el Sínodo se interesará especialmente por la Palabra de Dios escrita, aunque amplíe su perspectiva. Dice que la Palabra de Dios es Cristo y, por tanto, dice que el fin del Sínodo es dar a conocer mejor a Cristo. Esto me parece verdad como fin último pero el fin más directo será evidentemente atraer la atención sobre la necesidad de un contacto más fuerte y más profundo de todos los componentes de la Iglesia con la Palabra de Dios escrita.

Naturalmente, la Palabra escrita debe volver a ser viva, y no un texto muerto; y para que vuelva a ser viva tiene que inscribirse en la corriente viva de la Tradición, y también de la predicación y de la vida de la Iglesia.

“La Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo” (Parte I

Entrevista al cardenal jesuita Albert Vanhoye

ROMA, martes, 23 septiembre 2008 (ZENIT.org).- “La Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo”, explica en esta entrevista el cardenal Albert Vanhoye, uno de los biblistas contemporáneos más reconocidos en el mundo, cuando faltan pocos días para el próximo Sínodo de los Obispos.

El cardenal Vanhoye, jesuita, ex rector del Instituto Bíblico Pontificio y ex secretario de la Comisión Bíblica Pontificia, nació el 24 de julio de 1923 en Hazebrouck, en la diócesis de Lille, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica.

De 1963 a 1998, fue profesor del Instituto Bíblico Pontificio de Roma, donde ejerció una intensa actividad didáctica en la enseñanza de exégesis del Nuevo Testamento y diversos cursos y seminarios sobre su especialidad.

Participó activamente en la redacción de documentos de la Comisión Bíblica Pontificia, en el surco del trabajo iniciado por el Concilio Vaticano II, tales como: “La interpretación de la Biblia en la Iglesia”, 1993, y “El pueblo judío y las sagradas Escrituras en la Biblia cristiana”, 2001.

Como reconocimiento a su servicio a la Iglesia en este campo, Benedicto XVI lo creó cardenal en el Consistorio del 24 de marzo de 2006. El mismo Papa lo nombró miembro del próximo Sínodo de los Obispos del mundo, que se celebrará en Roma en octubre sobre “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”.

En esta entrevista concedida a Zenit, explica lo que es para él la Biblia y lo que espera de la citada asamblea mundial de obispos. La segunda parte se publicará en el servicio de mañana.

--¿Cómo y cuándo empezó a interesarse en el estudio de la Palabra de Dios?

--Cardenal Vanhoye: Mi interés por la palabra de Dios empezó ciertamente desde la infancia pero se ahondó e intensificó especialmente con el estudio de la teología. Cuando me preparaba para la ordenación sacerdotal, me apasioné con el Evangelio de Juan. Pude estudiarlo porque, antes de la teología, durante dos años, tuve que enseñar griego clásico de nivel superior a jóvenes jesuitas que se preparaban para graduarse en la Sorbona de París. Por tanto, estaba en contacto directo con los textos griegos tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento.

En especial, estudié el tema de la fe en el Evangelio de Juan, un tema evidentemente fundamental. Para Juan, la fe consiste en creer en Cristo Hijo de Dios, que no es simplemente la adhesión a las verdades reveladas sino que es sobre todo adhesión a una persona que es Hijo de Dios, que hace la obra del Padre, en unión con el Padre y que nos invita también a nosotros a hacer su obra.

--Posteriormente se convirtió en uno de los mayores especialistas en la Carta a los Hebreos...

--Cardenal Vanhoye: De este estudio de San Juan, salieron algunos artículos pero por cuestión de tiempo –tenía que ejercer la docencia--, no pude continuar esta trabajo. Al mismo tiempo, me di cuenta de que había encontrado cosas muy interesantes en la Carta a los Hebreos y que, por tanto, podía, dedicando algunos meses cada año, preparar una tesis sobre este escrito, entonces poco estudiado.

Por tanto, mi interés se concentró en la Carta a los Hebreos, que es un escrito muy profundo, una síntesis de cristología bajo el aspecto sacerdotal. Admiro siempre la profundidad de esta carta que en realidad es una homilía en la que el misterio de Cristo es presentado en todas sus dimensiones, desde la dimensión más alta de Cristo Hijo de Dios, esplendor de la gloria de Dios, impronta de su sustancia, hasta el Cristo nuestro hermano, que asumió toda nuestra miseria y se abajó al nivel de los condenados a muerte, precisamente para introducir allí todo su amor y abrir una vía que llega hasta Dios.

Por otra parte, la Carta a los Hebreos manifiesta un conocimiento verdaderamente extraordinario del Antiguo Testamento y el sentido del cumplimiento del mismo con las tres dimensiones –de correspondencia, de ruptura en algunos aspectos y, naturalmente, de superación--, cumplimiento completo.

La Providencia ha hecho que yo haya podido consagrar verdaderamente toda mi vida a la profundización de la Escritura para provecho de tantos estudiantes de todo el mundo. Por tanto, agradezco al Señor haberme dado este privilegio.

--¿Cuáles fueron sus premisas para el estudio de la Biblia?

--Cardenal Vanhoye: Fueron claramente premisas de fe. La Biblia es un texto que expresa la fe. Para acogerla de modo serio y profundo, hay que estar en la corriente que la produjo. Por tanto, acercarse al texto inspirado con una actitud de fe es esencial. Por otra parte, existe también la convicción de que la Biblia es al mismo tiempo un libro histórico, no una palabra simplemente teórica; es una revelación con hechos, con eventos; una realidad existencial histórica que, por tanto, hay que acoger bajo este aspecto.

--En todos estos años de estudio de la Palabra de Dios, ¿qué le ha estimulado más a seguir su investigación, a pesar de las dificultades del ambiente exegético o incluso del mismo trabajo? ¿Cuáles son sus motivaciones más profundas?

--Cardenal Vanhoye: Ciertamente la convicción de que la Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo, para seguirle, para investigar todas las dimensiones del misterio de Cristo. La estrecha relación entre investigación exegética y profundización de la fe y de la vida espiritual. Esto ha hecho que no haya dudado nunca en estudiar, investigar y emplear todas mis fuerzas y mis capacidades en este estudio de importancia fundamental para la vida de la Iglesia.

--¿Cuáles han sido los frutos del contacto con la Palabra más valiosos para su vida sacerdotal?

--Cardenal Vanhoye: La Palabra de Dios ha nutrido mi vida espiritual de modo muy fecundo. Por ejemplo, cuando era todavía estudiante del Instituto Bíblico Pontificio, realicé un estudio sobre dos frases del Evangelio de Juan que expresan la relación entre la obra de Jesús y la obra del Padre. Jesús ha recibido el don de las obras.

En dos frases, Jesús habla de las obras que el Padre le ha entregado. Vi la insistencia: “Mi padre trabaja siempre y yo también trabajo” (Juan 5, 17). Un tema muy importante para la profundización de la vida espiritual no sólo de modo especulativo sino especialmente en el mismo actuar. Del mismo modo que el Padre entregaba sus obras a Jesús, este nos da las nuestras.

Este es un punto que me alimenta: debo hacer siempre con el Señor la obra del Señor. Y hecomprendido por otra parte que, para hacer con el Señor la obra del Señor, es esencial estar unidos al Corazón del Señor, porque la obra del Señor no es una obra administrativa que se puede hacer con cierto desapego, sino una obra de amor.

Esta para mí es una orientación hermosa, profunda y exigente a la que vuelvo siempre. Es Él el autor principal, yo soy un pobre y modesto ayudante, pero que se debe empeñar, porque la obra es importante, una obra hermosa que hace el Señor. En mi relación con la Escritura, esto es lo más importante.

--¿Qué falta hoy en la Iglesia para que la Escritura entre cada vez más en la vida espiritual de los fieles?
--Cardenal Vanhoye: Faltan dos cosas principales: por una parte, los medios, los instrumentos, los materiales que puedan ayudar a los fieles a acoger bien la Palabra de Dios; y, por otra, la meditación de los fieles sobre los textos de la Biblia. Las dos cosas están ya presentes, gracias a Dios, en la vida de la Iglesia, y se han hecho más presentes gracias al Concilio Vaticano II. Sin embargo, queda siempre algo en lo que progresar: por una parte, educar a los fieles a acoger bien la Palabra de Dios y a acogerla no sólo en la mente, sino en el corazón y en la vida. Esto es claro. Hay que educar a los fieles en esto.

Y, por otra parte, para que esto sea realmente efectivo, es indispensable que los fieles mediten la Palabra de Dios y reflexionen sobre ella. Y así su vida se transformará poco a poco por la fuerza de la Palabra de Dios.

--Como ha afirmado repetidamente el Papa Benedicto, la Lectio Divina puede ser un medio muy adecuado a este fin.
--Cardenal Vanhoye: Ciertamente la Lectio Divina es un método de profundización muy serio en la Escritura inspirada. Pero para que influya en la vida de los fieles es necesario que el último paso sea precisamente la aplicación a la vida. Es posible una Lectio Divina que se contente en ser sólo una consideración atenta del texto; y luego una meditación. Pero debe completarse con el compromiso del fiel a aplicar, a recibir verdaderamente en su vida la Palabra de Dios, a hacerla no sólo presente sino operativa. Este método tiene el gran mérito de llevar la atención primero hacia el texto bíblico considerado en sí mismo, en su significado exacto, concentrar el esfuerzo de atención en él antes de hacer especulaciones que podrían no tener ninguna relación con el texto. La Lectio Divina parte de la ‘lectio’, de la lectura atenta. El cardenal Martini insistía en esto cuando convocaba en la catedral de Milán reuniones de Lectio Divina.

Luego, hay que meditar, ver la relación con la situación actual de los creyentes. A continuación, se trata de asumir actitudes espirituales de contemplación, de unión con Dios, etc. Pero, como he dicho, hay que extender también la Lectio Divina a una transformación de vida.